Ontario para dos

Para aquellos que tengan suficiente fantasía con su propio amor y gusten de admirar el portento de nuestra Madre Naturaleza, el estado de Ontario, en Canadá, les promete una luna de miel inolvidable.

Hablar de Ontario no es sólo hablar de las majestuosas Cataratas del Niágara y todo el emporio que se ha desarrollado a su alrededor, sino también de la región de Niagara-on-the-Lake, a 30 minutos de la frontera con Estados Unidos con un ramillete de hoteles, posadas y las famosas haciendas vinícolas cuyo signature es sin duda el “icewine”.

Es un viaje de ensueño que comienza con visualizar Las Cataratas del Niágara si se entra por tierra. Estas nacen en el Lago Erie, bastante más arriba, y el Río Niágara con su vertiginoso descenso de más de 60 kilómetros hacia el lago Ontario, vehículo gracias al cual quedamos extasiados con una caída de agua de más de 50 metros.

Gran parte del salto que tanto gusta a los enamorados mientras caminan por el boulevard, descansan en su habitación o cenan en uno de los restaurantes estratégicamente ubicados, está concentrado en una extensión de unos 13 kilómetros de cataratas y rápidos en los que hay un montón de cosas por hacer. Adquirir el Adventure Pass de los Niagara Parks es lo ideal, éste te permite utilizar por dos días el transporte turístico llamado “Peoplemover”, aunque también hay aparcaderos convenientemente ubicados.

La trayectoria desde la catarata de Ηorseshoe atraviesa una estrecha garganta que culmina en potentes remolinos antes de continuar el curso ascendente que produce la energía hidroeléctrica que Canadá comparte el país vecino. Este trayecto del río, con sus bellos paisajes y hermosos senderos para hacer caminatas o recorrer en bicicleta, es muy propicio para que la pareja comparta una vivencia única rodeada de los más bellos parques y flores si se va en verano, aunque hay quien disfruta del frío y gusta de ver otro tipo de paisaje, ese de las copas de los árboles nevadas y las heladas.

Nuestra experiencia no pudo ser mejor. Asomada en el balcón de mi habitación, en el Hotel Sheraton, no lograba despegarme de la baranda cada noche, encantada con el cambio de colores de las cataratas artificialmente iluminadas. Los viernes y domingos, además, hay fuegos artificiales a las 10 de la noche, y conciertos y eventos especiales durante el verano.

 

Entre atracción y atracción, disfrutamos de relajantes almuerzos rociados por el vino de los viñedos de Ontario que, debo confesar, estábamos descubriendo. “Elements on the Fall” fue uno de nuestros restaurantes favoritos porque brinda la oportunidad de deleitarse con la cocina regional del Niágara contando no sólo con el marco de los saltos de agua sino con una envidiable ubicación a pocos pasos de una de las atracciones favoritas, el Journey Behind the Falls o “Viaje detrás de las Cataratas”.

El “Viaje detrás de las Cataratas” desciende más de 200 metros donde se camina a través de túneles que conducen a un mirador ubicado por detrás del torrente de la pared de las aguas. Ahí experimentamos varias sensaciones: una vigorizante sensación visual, otra auditiva, estruendosa, y la táctil, brumosa.

La mayor emoción la sentimos al contacto con las aguas del Niágara en el barco “Maid of the Mist” donde, al igual que en Journey Behind the Falls, te dan un vistoso poncho ¡y al abordaje! Recorres medio kilómetro aguas arriba hasta las cercanas piscinas de las cataratas, quería gritar admirando tanto poder de los torrentes de agua, ¡y lo hice!, apretando la mano de mi amor, y es que rodeados de cientos de miles de galones de agua que descienden y se convierten rápidamente en enormes nubes de neblina provoca apapucharse, ¿o no? Sentir la frescura de la neblina en la cara, el suave balanceo del “Maid of the Mist” rodeado de las impresionantemente verdes y claras aguas, fue para nosotros un viaje hacia el nirvana, aderezado con mojadas mejillas, unas contra otras, y mucha emoción.

El “Peoplemover”, camión de lujo que circula permanente, te lleva a White Water Walk o “Caminata de las Aguas Blancas”, entre otros lugares maravillosos. Pasear al lado de las turbulentas, profundas y blancas aguas en la Gran Garganta del Niágara, codo a codo con la persona que hemos elegido para compartir nuestra vida, no tiene paragón. De vuelta en el bus y unos pocos kilómetros aguas arriba está el Whirpool Aero Car, un antiguo funicular que te transporta por encima del impetuoso Río Niágara.

El Conservatorio de las Mariposas, en un ambiente similar al bosque tropical húmedo, es otra oportunidad para deleitarse con el ser amado entre unas 2,000 mariposas coloridas que vuelan libremente entre exóticas plantas y flores. Y si se posan en ti, ¡es señal de buena suerte!

Una pequeña aventura siempre hace falta, así que les recomiendo montarse en un helicóptero del Niagara Ηelicópters Limited para tener una visión de la totalidad de la cuenca del Niágara. El paseo de sólo 12 minutos es imperdible, y como estás con la boca abierta todo el tiempo, con el ruido —a pesar de los audífonos— y el cinturón de seguridad, pues no te provoca ni dar un besito. Eso lo dejas mejor para la cena, a más de doscientos treinta metros por encima de las cataratas, en un restaurante con rotación de 360 grados que coronará a la perfección sus periplos del día, en la Torre Skylon, cuya cocina continental ha obtenido valiosos reconocimientos y permite espectaculares vistas a 80 millas del horizonte. Entre vinito y vinito, será la mejor antesala para una noche de amor.

Mientras que las cataratas son la atracción de la naturaleza más visitada, el resto de Niágara es rico, variado y ofrece una experiencia única. Con una sola caminata que hagas por la calle principal de la encantadora ciudad victoriana de Niagara-on-the-Lake nos darás la razón. ¡Qué buen gusto!, ¡qué categoría internacional! Hacer compras, tomar café, ¡la región del vino nos abre sus puertas!

El vino y el romance van de la mano, así que date el gusto de realizar visitas guiadas a los lagares con tu media naranja, disfrutando de una cata relajada y hasta almuerza entre los viñedos si te provoca. Hay más de cien viñedos en el área ¡y la Inniskillin nos sorprendió de veras! Es una de las creadoras de los deliciosos “icewines” de la región y destaca internacionalmente por este producto, su visita guiada es especialmente agradable.

Ya cansaditos, es hora de pernoctar en uno de los hoteles de la cadena “Niagara-on-the-Falls Vintage Hotels”,  que son el “Queen’s Landing”, el “Pillar & Post” o el “Prince of Wales”.  Este último fue originalmente una industria de conservas en 1890 y es ahora un hotel cinco estrellas de ambiente campestre, incluido en la prestigiosa lista Conde Nast Gold. Ejemplifica el encanto de un establecimiento clásico y a la vez de campo, en su construcción destacan las piezas de madera de tallas largas, las paredes de ladrillos y los cuidados pisos de terracota. Su spa y tratamientos basados en la cáscara de uva, son de primera, al igual que las instalaciones de las piscinas exterior e interior, los saunas y jacuzzis.

Otro de los hoteles de la cadena, el “Prince of Wales”, construido en 1864 en el distrito histórico y comercial de Niagara-on-the-Lake, combina la opulencia victoriana con las comodidades del siglo XXI. La elegante mansión de estilo georgiano “Queen’s Landing” domina el panorama del río Niágara donde los comensales disfrutan de la vista del puerto mientras saborean la cocina tradicional francesa con un toque de la Costa Oeste.

Estos tres hoteles tienen gimnasio, piscina climatizada de agua salada, sauna y excelentes spas que ofrecen tratamientos de vinoterapia donde se aprovechan las propiedades antioxidantes del extracto de uva. Una vez registrado en cualquiera estos hoteles podrán utilizar las instalaciones de los otros dos. Bien sea darse un descanso en los spas, disfrutar del informal ambiente del restaurante “Cannery and Carriages” del hotel “Pillar & Post”, o deleitarse con los vinos locales en el “Vintages Wine Bar and Lounge” del mismo hotel, su visita será una muestra  de espontánea sofisticación y relajación de cuerpo y espíritu.

Y sigan con los vinos, aprovechen cada ocasión. Los sabores y aromas de los vinos “icewines” son variados y únicos, debido principalmente a sus características de frutas concentradas hacen gala de una ostensible singularidad. Incontables descripciones e interpretaciones provienen de los paladares de escritores especializados, así como de aficionados al vino.

Brinde con su amado por volver, lo que es muy posible, porque el 80 por ciento de los visitantes a Ontario retornan. ¡Y creemos que esta nota los contagiará! ¡Feliz luna de miel!

 

* Yndiana Montes y Bill Milligan viajaron por auto a Ontario desde los Estados Unidos de Norteamérica, invitados por la Oficina de Turismo de Ontario, a quienes les externamos nuestra gratitud. Comentarios a la autora en: yndianamontes@hotmail.com

Source: Ontario para dos

 


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